Cuento: «La pasión no se roba»

[¡Volvimos a escribir cuentos juntos! Ceci Lanfranco eligió el nombre del protagonista, y Carito eligió el sentimiento que lo mueve y la palabra clave del título. ¡Que lo disfruten!]

«¿Alguien quiere agregar algo más?». La miro de forma demasiado penetrante y ella se da cuenta. Intenta disimular su nerviosismo mientras el jefe la felicita. «¡Gran idea!» dicen todos «Esto es lo que necesitábamos» reafirma el jefe «La mejor del equipo» corona el chupamedias de Braulio. Y yo la sigo mirando fijamente. Claro que me gustaría aclarar algo: esa idea brillante no es suya, es mía. Pero no estamos en el jardín y hacer berrinche solo me hundiría más. Entonces sonrío. Entonces sí me mira y veo que se asusta. Se ve que mi enojo era esperable para ella, después de todo hizo una presentación completa basada en la idea que yo, ingenuamente, le conté. Pero mi sonrisa sí que la desconcierta, y es que creo que ni ella ni yo sabemos la capacidad que tengo para vengarme.

Todos ya se están levantando para irse de la reunión, pero entonces impongo mi voz «Yo». Se hace un silencio. «Yo quiero agregar algo». Ella se sienta como si fuese una bolsa de papas. Ve pasar su momento de éxito como si fuese una estrella fugaz. Todos vuelven a sus lugares, «Hablá nomás, Luchito» dice el jefe. «La idea de Diana…» ella, Diana, baja la mirada «Es muy buena». Diana levanta la mirada sorprendida. «¿Si?» «Muy buena. Brillante, diría yo.» Diana sonríe satisfecha. Cree que le perdoné la vida, pero no se imagina que ahora viene lo peor. «Me interesaría saber… ¿cómo se te ocurrió?». Su sonrisa se apaga un poco. «¿En qué sentido?» «Claro… digo, me interesa saber, ¿qué estabas haciendo cuando tuviste esa idea tan buena? Porque realmente va a ser una campaña exitosa, el cliente va a estar más que satisfecho, y lo sabés. ¿no?» Diana balbucea. El jefe se acomoda un poco en el asiento, no sabe a dónde está yendo esto. Los demás asistentes alternan la dirección de su mirada entre mi cara y la de Diana como si fuese un partido de tenis. «Bueno la verdad no creo que eso sea relevante…» le clavo todavía más mi mirada «Ah…¿no?» Diana se ríe nerviosa «La creatividad es así, no sé, aparece» «Ah… ¿si? Claro, vos que sos creativa eso lo sabés bien» Diana traga saliva «Pero, ¿qué estabas haciendo?» «Es que no entiendo por qué eso importa» «Importa. El que crea sabe exactamente cuándo tuvo esa idea. Es como la hora exacta en que nace un hijo. Es el momento «¡Eureka!» ¿o acaso no sabemos todos que Arquímedes lo dijo cuando descubrió el principio que llevaría su nombre mientras estaba sumergido en la bañadera?». Todos los demás se miran entre sí. El chupamedias de Braulio (chupamedias con todos menos conmigo) susurra que no, que él ni siquiera sabe quién es ese viejo en la bañera.

La reunión llegó al límite de la paciencia del jefe «Luchito, ¿a dónde querés llegar?». Diana se seca el sudor de la frente. Esto es todo para ella y yo lo sé. Nadie hasta hoy creyó que podía aportar alguna idea nueva, y solo yo sé que esta que dijo hoy ni siquiera es suya. Siento el poder que tengo sobre su ilusión y lo disfruto por un rato. La veo, está a punto de rendirse porque sabe que yo sí puedo decir cuándo se me ocurrió lo que se me ocurrió. Tengo el poder de dejarla en ridículo y de que pierda la credibilidad para siempre.

Después de un silencio finalmente digo «Nada, jefe. Me gustaría saber si puedo liderar el proyecto, porque me parece una idea excelente» «Creo que muchos creativos en el mismo tarro…» me dice «No creo que Diana tenga problema» Diana me mira con los ojos casi llorosos. «No, no tengo problema». Sonrío. Esboza una sonrisa. «Bueno, está listo entonces. Para el viernes quiero un primer brainstorming.»

Diana se me acerca mientras todos salen de la sala. «Buenísimo, ¿no?». Le dedico una mirada helada. «No veo nada de bueno la verdad. Hoy me di cuenta de que mis ideas no puedo compartirlas ni con la persona que parece ser la más leal de todas…» Diana agacha la cabeza «y confirmé que a los enemigos hay que tenerlos todavía más cerca que los amigos.» «No entiendo, ¿por qué no me hundiste entonces?» «Porque también entendí que la venganza es más amarga que el dolor de la traición».

Me voy de la sala directo hacia la calle. Ya no quiero estar en la oficina, fue demasiado bullicio mental por hoy. Ya en casa, en pantuflas, me estoy devorando unas papas mientras el grupo de WA del trabajo estalla de mensajes. Braulio sigue chupándole las medias a Diana. Diana sigue recibiendo las felicitaciones como si se las mereciera. Pero yo estoy tranquilo. Porque sé que de donde vino esa idea nacen muchas más. Porque la pasión por lo que uno hace genera un flujo inagotable, y eso no se puede robar. Además, mis otras ideas no van a tener la misma suerte que esa de la que se apropió Diana… siempre hay alguna idea que tiene que sacrificarse para que uno aprenda a resguardar, cuidar y potenciar todas las demás.

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