Cómo las palabras y las acciones de los demás influyen en nuestro cerebro y nuestro cuerpo, según Lisa Feldman Barrett

Ayer leí este hermoso artículo que hoy quiero compartir con ustedes. Ya había escuchado acerca de la reacciones neurológicas que tiene en nosotros el interactuar con otros. Pero nunca había leído tan específicamente el por qué.

Por empezar, cuando estamos con personas que queremos, las respiraciones pueden sincronizarse, así como los latidos del corazón, aunque estés teniendo una conversación casual o una discusión. Este tipo de conexiones físicas pueden darse entre los chicos y quienes los cuidan o incluso en una clase de yoga. ¿No es increíble el poder que puede tener la sola presencia de alguien que queremos? Con darle la mano a alguien que está sufriendo, ya lo estamos ayudando. Y cuando conocemos mucho a la otra persona, nuestro cerebro puede predecir lo que esa persona piensa o siente. Según Lisa está probado que quienes tienen una relación cercana en la cual apoyarnos (una pareja, una gran amistad o inclusive una mascota) somos más propensos a tener una mejor salud y, por ende, una vida más larga. Y no es solo la presencia del otro lo que incide en nosotros, son también sus palabras que pueden atravesar los años en formas de libros, videos o audios.

¿Y por qué se da todo esto? Porque muchas regiones del cerebro que procesan el lenguaje también controlan órganos y sistemas que manejan los recursos de nuestro cuerpo. Esas regiones se llaman «red de lenguaje» y guían el ritmo cardíaco, ajustan la glucosa que entra en nuestro torrente sanguíneo para alimentar a las células y cambian el flujo de los químicos que asisten a nuestro sistema inmune.

Se imaginarán entonces que, así como nos puede hacer muy bien la interacción con otros, también nos puede hacer muy mal. El solo hecho de levantar la voz puede alterar el ritmo cardíaco de la otra persona y una palabra cargada de odio puede hacer que nuestro cerebro reconozca una amenaza e «inunde su torrente sanguíneo con hormonas, desperdiciando recursos preciosos de su presupuesto corporal». Una situación estresante puede ser, para Lisa, como un ejercicio para fortalecernos. Pero un estrés crónico, en el que al cuerpo se le gastan los recursos y no tiene tiempo de recuperarse, puede afectar a nuestro cerebro y, por ende, a todo nuestro organismo. Por lo tanto, hay un beneficio biológico real en que las personas nos tratemos con una dignidad humana básica.

Para Lisa tenemos que entender, entonces, que la libertad de actuar y de hablar conlleva también una responsabilidad cuando se trata de las consecuencias que genera en el otro. Y yo pienso: ojalá siempre sepamos reconocer esos espacios en los que nuestros latidos se sincronizan y nuestro cuerpo suma años de vida. Para siempre volver a ellos y no a los que, literalmente, nos enferman.

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