#ViernesDeSitcoms: reírse de uno mismo

Hacer reír es muy difícil. Vos me dirás «difícil es hacer una cirugía a corazón abierto», sí, por supuesto. Pero ¿qué hace ese cirujano para relajarse cuando vuelve a su casa y necesita descansar la cabeza? ¿cuando, después de un día difícil, quiere ver algo que lo entretenga y lo divierta? No te voy a decir que se sienta a ver una sitcom como regla general, quizás es otra comedia, quizás es un drama. Quizás no le guste la tele pero lea un libro. Quizás solo escuche una canción. Pero en todas esas expresiones de arte, que ayudan a otras personas a que recobren energías para seguir con sus profesiones, hay detrás alguien que escribe y muchos que crean.

En una parte del especial de «The Reunion» de #Friends que se estrenó este año, personas de todas partes del mundo decían por qué la serie había sido importante para ellos en momentos difíciles de sus vidas. Me sentí muy identificada. Y es que cuando perdí a Noe, mi amiga, las noches eran lo más difícil. Esos momentos de silencio, de oscuridad, de quietud, que cuando estás mal hace que el agujero que sea que tengas, se haga más grande. Solo pude sobrellevarlo poniendo #Friends de fondo porque, aunque ya me sabía todos los capítulos de memoria, me hacía reir, me distraía y, sobre todo, sabía que no iba a haber ninguna situación violenta o dramática que pudiera dejarme más angustiada. Lo mismo me pasó en el 2017 cuando estábamos esperando que llegara el corazón para mamá. Y es que esa es una de las cosas que más me gustan del formato sitcom, hay un código que no se rompe y es que busca siempre hacerte reír.

Cuánto te haga reír una sitcom depende de que sea buena por un lado y de tu tipo de humor por el otro. Pero, además del buen guión, las actuaciones son superimportantes. Todo el peso recae en esa combinación. A diferencia de una novela o inclusive de una película, el argumento principal de la sitcom no es lo más importante. Si lo pensás #Friends son 6 amigos que viven en Nueva York: puede ser un éxito, como lo fue, o un fiasco. Por estos días intenté ver una sitcom nueva que se llama «Pretty Smart» y no la pude tragar. Todo es demasiado forzado: las actuaciones, el guión, las situaciones. ¿Y cuál es el punto de partida? Casi que 5 amigos viviendo juntos en Los Ángeles.

Pero la serie por excelencia que demuestra que el punto de partida no es lo importante es «Seinfeld» que se lo define muchas veces como «un show acerca de nada». Porque en realidad habla de muchas pequeñas cosas de la vida cotidiana que se miran con una lupa que las agranda y en muchos casos las ridiculiza hasta hacernos estallar de risa. Y, como pasa con las buenas sitcoms, después vamos por nuestra propia vida identificando situaciones similares que hacen que todo tenga todavía un condimento más cómico. Por ejemplo, con mis compañeros de Avature, teníamos identificado cerca de la oficina a alguien que nos hacía acordar mucho al «nazi de la sopa». Había quienes evitaban ir a comprar su almuerzo a él solo para evitarlo a él. Y otros tantos agachábamos la cabeza y llevábamos cambio para que no se enojara con nosotros con tal de poder comer esa comida tan rica.

Así que ya lo ves por qué decidí dedicarle una sección a este tipo de series que tanto me gustan. Porque supieron ayudarme a atravesar las noches más difíciles y porque me ayudan a practicar una de las cosas más lindas: ver la vida con humor y saber reírse de uno mismo. ¿Y a vos? ¿Cuándo algo que te hizo reír te ayudó a sobrellevar momentos difíciles? Te leo.

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