Cuento: “Configuración de fábrica”

– Tenemos un menú del día para la mesa 6…

– ¿Con qué salsa?

– Fileto. Y dos milanesas de peceto con papas fritas.

– ¿Y para cuándo?

– Para ahora, ¿para cuándo va a ser?

– Para cuándo me vas a decir que sí.

Clara se sonroja y mira para abajo. Pone su libreta adentro de su delantal, agarra dos paneras y vuelve al sector de las mesas. Fabio se la queda mirando con actitud de ganador. Lo que no sabe es que de ganador no tiene nada: cuanto más insista, Clara menos va a aceptar su invitación a salir.

Al final de la noche, Clara está exhausta. Lo único que la anima es pensar que las propinas de ese día le alcanzan para comprarle la medicación al papá. Agarra su celular para fijarse cuál es la farmacia de guardia por la que le conviene pasar camino a su casa. En eso una voz altanera la saca de su concentración.

– ¿Vamos?

Clara se queda mirando a Fabio desconcertada.

– ¿A dónde?

Fabio esboza una risa compradora.

– Cuando un jefe dice “Vamos” no se pregunta “dónde” se dice “sí”.

Clara siente cómo su impotencia va creciendo adentro de ella.

– Ya terminó mi horario de trabajo. No sos más mi jefe.

Fabio se sorprende.

– ¿No? ¿Y no querés que lo sea más? Ojito, eh.

Con los ojos llenos de lágrimas de furia Clara mira la plata de la propina que tiene en su mano. Tantas veces se repitió esta escena en las últimas semanas que ya perdió la cuenta. Le alcanza para los remedios de hoy, en este momento es todo lo que le importa. Esos remedios le van a durar una semana a su papá. En siete días tiene que encontrar otro trabajo mejor. Lo tiene que hacer. Está segura.

Clara toma coraje, agarra su cartera y se dispone a irse. Cree que es mejor responder con su actitud que con sus palabras. Pero Fabio la agarra fuerte del brazo.

– ¡Ey, es un chiste! ¡No seas tan amarga, che!

– Amarga, desagradecida, esclava, objeto.

– ¿Qué?

– Todo eso me hiciste sentir en estos días. Hasta acá llegué.

– No es para tanto, che.

Clara le clava la mirada. Sabe que para él ella es una más. Una más a la que le da trabajo, o no, según su humor. Una más a la que tirotea, o no, según su humor. Una más con la que engaña a su esposa, o no, según su humor.

– ¿Qué está pasando?

Fabio suelta de golpe el brazo de Clara.

– Nada, mi amor, manejo del personal. – Le responde Fabio. Su esposa arquea la ceja.

– No me espantes más mozas, te lo pido por favor.

– ¿De qué hablás? Clarita se hace la rebelde pero la configuraron para ser fiel.

Clara no sabe qué es lo que más le duele: si las palabras, que la hacen quedar como una tonta, o la mirada amenazante de Fabio que las acompaña. Incluso pude haber una tercera causa: que Fabio tiene razón.

– Hasta mañana. – Murmura, mientras vuelve a chequear su celular para ir directo a esa farmacia que está de guardia y que le queda camino a casa.

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