Como vivimos, manejamos

Desde que empecé a manejar a los 18 años fui elaborando la teoría de que la forma en que manejamos es una metáfora de cómo vivimos. Con ansiedad, con precaución, con enojo, con alegría, cantando, distraídos, concentrados, etc. Personalmente me sorprende darme cuenta de que en la vida cotidiana no soy ansiosa, pero si tengo adelante mío a uno de esos “domingueros” que van a 20 kms por hora, me pone bastante nerviosa.

Soy de las que siempre pone el guiño para doblar, aunque esté en un camino de tierra en el medio de la nada. Me gusta saber que tengo el control absoluto sobre el auto, no me gusta ir más rápido de lo que pienso que puedo controlar. Le tengo fobia a los carteles de velocidad máxima. Soy capaz de ir durante un largo tiempo por el carril derecho solo porque sé que eventualmente voy a tener que tomar una salida para ese lado.

Y también tengo un tic, presto mucha atención a quienes, para mí, están en desventaja: los peatones. Aunque los hay intrépidos, veo a muchos que cruzan con cara de terror porque no están seguro de si los vas a dejar pasar o si los vas a pisar. Eso habla mal de nosotros como sociedad. Me enojo conmigo misma cuando no me doy cuenta de que había alguien esperando cruzar, intento siempre ser la que les abre el paso. Y las caras de agradecimiento, tengo que reconocer, me alegran el día.

Me molesta mucho el/la conductor/a ventajero/a. Ese que pone trompa en todo momento sin importarle nada. El que va por la banquina para después colarse en la fila y genera situaciones peligrosas. El que nunca te deja pasar por más de que vos tengas prioridad por estar a la derecha o en una rotonda. ¿Registrarán ellos esos pequeños actos de egoísmo? ¿Se sentirán más poderosos por haber ganado pequeñas batallas viales?

Me encanta manejar, siento que es algo que nos obliga a estar en el presente, atentos, mirando alrededor. Siendo parte de un todo para que todo funcione. Si frenás de golpe, perjudicás a los que vienen atrás. Si estás en un lugar privilegiado, podés ayudar al otro que no lo está dejándolo pasar. No perdamos la oportunidad de reflexionar sobre esos pequeños aspectos de nuestra personalidad también. Porque, sin proponérnoslo, quizás en ellos encontremos respuestas a otras preguntas.

¿Y ustedes qué descubren de sí mismos en su forma de manejar?

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