Cuento: “Querida familia”

[Este es el último cuento de mi iniciativa literaria #ContemosJuntos. El nombre del personaje principal lo eligió @ceelanfi, el sentimiento que la mueve @nataliaalmasia y la palabra clave del título @vickyfunes. La pregunta sorpresa de esta edición (“¿Cuál es el hobby del personaje principal?”) la respondió @rochiabelleira. ¡Espero que les guste! Gracias, como siempre, por estar del otro lado.]

Querida familia:

Acá estoy. Esperando y desesperando. Me gustaría que entrara en esta carta todo lo que les quiero decir. Me encantaría poder mirarlos a los ojos uno por uno y decirles cuánto los quiero. Agradecerles por cada sonrisa que me dieron, por cada abrazo. Pedirles perdón por mis nervios de los últimos días. Ya sabrán por ellos y por esta carta cómo me siento, ya se imaginarán que él me acecha. Sí, el miedo.

Creo que escribo para mantenerme ocupada. Porque es lo que haría si los tuviera acá: les escupiría mil palabras por minuto. No sé si esta carta les llegará algún día, aunque sea en formato de email. No sé si la voy a mandar después de todo. ¿Es que siempre uno escribe para que lo lean? No lo tengo tan claro. Lo único que sé es que esta resulta ser la primera vez que me siento a escribirles. El pensar que no me alcanzarían las palabras siempre me frenó. Hoy me doy cuenta de que si uno, por miedo a no poder decir todo, nunca dice nada, entonces jamás va a llegar a decirlo todo. Así que acá estoy.

Si, la Alejandra que ustedes conocen es fuerte, es calculadora, es hasta fría quizás. ¿Me sintieron fría alguna vez? Creo que de alguna forma me lo propuse. Así que si me llegan a decir que sí quizás hasta lo tome como un halago. Pero la realidad es que siempre me preocupé por armarme mi coraza. Pensé que así no iba a entrar el dolor. Es que el dolor es para los débiles. Igual que el miedo. ¿De qué sirve volar con la mente y alejarse del hoy? ¿Pensar el peor escenario posible, sufrir en ese viaje y volver hecha añicos? Pero se ve que dejé alguna rajadura sin supervisión y el miedo entró después de todo.

No les voy a mentir, me vendría bien una mano cálida para transitar este momento. Siempre les digo que no necesito ayuda. Y quizás sea verdad. Quizás pueda sobrevivir sin ella, ¿pero a costa de qué?

En esta carta es la primera vez que los llamo familia. Tiene un peso grande, lo sé. Pero ya era hora de hacerlo. En mi mente estructurada nunca había pensado que la familia podía no ser de sangre. Y acá estoy. En un momento difícil los primeros que se me vienen a la cabeza son ustedes.

Creo que me están por llamar, o eso espero. La realidad es que no tengo mucho tiempo. Me imagino que no les sorpenderá verme apurada. Siempre llego a las reuniones con la lengua afuera. Haciendo memoria no recuerdo ni una vez en que haya llegado holgada de tiempo. Y así y todo nunca me lo hicieron sentir. No importa si yo no acomodé nunca los vasos descartables, ni llevé galletitas caseras para el receso. Para ustedes siempre fui una más.

Bueno, familia. Sigo yo. Llegó el momento de saber si finalmente puedo ser candidata o no. Tantos de ustedes ya recibieron los órganos que necesitaban. No quiero que me miren con lástima si no llego a poder. Quiero dejar acá por escrito, hoy, que igual voy a seguir yendo a verlos. Aunque no haya tenido su suerte voy a seguir estando feliz por verlos a ustedes vivir mejor.

Que un grupo de apoyo se convierta en familia suena lógico, ¿no? Más bien todas las familias deberían ser grupos de apoyo. Gracias por haberme enseñado eso.

Se terminó la espera. Acá voy.

Los quiero,

Alejandra

P.D. En uno de sus sonetos Shakespeare dice “Si llamaba esperanza lo que era miedo apenas”. Yo diría al revés “llamaba miedo lo que era esperanza”. En el fondo sabía que me íban a decir que sí, ustedes me ayudaron a construir esa certeza. No quería terminar esta carta sin contárselos. Y lo que sigue sí lo dejo tal como salió de boca de Shakespeare”Que a lo que es bueno el mal en mejor lo convierte,/ Que el amor en escombros, cuando se alza de nuevo,/ Crece más bello que antes, más enorme y más fuerte.” Nos vemos el martes, como siempre. Ya me ayudarán a transitar esta nueva espera sin desesperar. Prometo levantar la mano por ayuda. Esta vez sí.

– Fin –

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