“El cuento de la criada” de Margaret Atwood

No hay muchas cosas que me dejen muda. Pero la grandeza de ciertos libros es una de ellas.

Seba me regaló esta hermosa edición de Narrativa Salamandra de #ElCuentoDeLaCriada de Margaret Atwood para la Navidad del 2019. Reconozco que le tenía cierta idea al libro. Pensé que se trataba de un best seller fundamentalista que nada tendría que ver conmigo. En su momento Seba me contó que la chica que se lo vendió en la librería le dijo que si me gustaba leer, me iba a gustar este libro. Y estaba en lo cierto.

Cuando elegí en enero un nuevo libro para leer, algo me atrajo hacia él. Todavía estaba en su envoltorio de plástico. Empecé a leerlo sin tener idea de qué se trataba y me encontré con una obra de arte. No es el tipo de género que suelo consumir, porque no soy particularmente fanática de la ciencia ficción. Pero se trata de una ciencia ficción realista, inventada a partir de muchos episodios que realmente existieron solo que la autora los juntó todos en un mismo momento. Es una mirada del ser humano bastante difícil de digerir. No es algo que yo escribiría, pero entiendo que se haya escrito.

Varias fueron las cosas que me llamaron la atención. El manejo de la intriga y del suspenso es excelente. La forma en que se entremezcla el pasado con el presente es perfecta, y denota que tiene un trabajo minucioso detrás. Pero lo que me impresionó fue leerlo a la luz del hoy, segundo año pandémico, en el que todavía estamos procesando lo que significó adaptarnos a cambios abruptos inundados por el miedo y acostumbrarnos a realidades que nos hubieran parecido impensadas. Estas son algunas de las citas que conecté con este contexto:

“Pensábamos que teníamos problemas, ¿Cómo íbamos a saber que éramos felices?”; “Porque al menos teníamos eso: nuestros abrazos”; “Lo sé, puedo sentir las palabras que se acumulan en mi interior, hace mucho tiempo que no hablo realmente con alguien”.

Pero sin dudas lo que te deja el libro es un gran abanico de reflexiones: sobre el lugar que ocupó y ocupa la mujer en la sociedad, sobre lo nocivo que puede ser cualquier pensamiento que se lleve al extremo, sobre cómo el ser humano puede ser infierno para otro ser humano. En la introducción Atwood dice que ella no inventó nada, que tomó ideas de distintos episodios dificiles de la historia. Uno de ellos es el controlar a la mujer subversiva y a su descendencia en la época de la dictadura militar de Argentina. Es decir, tantos hijos que despojaron de sus madres para moldearlos a su manera como si fueran plastilina. Ya de por sí el tema de la separación madre-hija era algo que me dolía cuando lo leía. Probablemente porque proyectaba el sufrimiento que podría sentir por algo así. Pero saber encima que la autora canadiense se inspiró en nuestra historia… me dio un gran escalofrío.

En conclusión, es una gran novela. Es muy particular porque está tan bien escrita que te envuelve dentro de un universo que no es fácil de sortear. Pero es hermoso cuando la litetatura te interpela de esta forma. Cuando te sorprende y te hace reflexionar y cuestionar un montón de cosas. Es, para mí, la confirmación de que definitivamente el arte es mucho más esencial de lo que pensamos. Porque el arte salvará al mundo.

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