Parece una pequeña novela sobre un acontecimiento social y trivial, pero como todos los grandes escritores de la literatura universal, existen muchas capas por debajo de la simple apariencia.
«El baile» fue escrita en 1929 por una joven rusa que se exilió en París huyendo de la revolución bolchevique. No fue la novela que la llevó a la fama que tendría en vida ni tampoco la que la hizo inmortal después de su muerte. Pero sí fue y sigue siendo una pequeña y a la vez profunda representación de lo que Iréne pensaba y sentía de su familia de origen en particular y de la sociedad en general.
En la novela se desarrollan distintos momentos: la idea del baile, la escritura de las invitaciones, la preparación del baile en sí y el final. Todo gira entorno a este evento social que tanto dice sobre los personajes. Pero los dos temas que están de fondo son mucho más profundos: la adolescencia y el vínculo complejo entre madre e hija. Antoinette es una chica de 14 años que goza de los beneficios económicos que tiene su familia en condición de nuevos ricos pero sufre de un padre superficial y ausente y de una madre vanidosa, competitiva y cruel. Mientras Antoinette anhela desesperadamente llegar a la vida adulta, enamorarse y ser libre, su madre, Rosine, lucha contra la llegada de la vejez y aspira a tener ella antes que su hija un amante joven. No se resigna al paso del tiempo y no está dispuesta a cederle su lugar a su hija, a quien incluso confina a un cuarto poco iluminado con la tajante orden «¡Que nadie te vea y que yo no te oiga!».
La autora nos muestra que todo sentimiento de humillación, rechazo e indiferencia funcionan dentro del alma de la joven, que está en plena metamorfosis entre la infancia y la adultez, como un caldo de cultivo que la llevan a pensar y hacer actos perjudiciales. Hay una gran subestimación por parte de los adultos, además de una triste ceguera producto de la vanidad y la codicia.
Mi siguiente paso sin dudas va a ser leer «Suite francesa». Aunque no me gusta leer obras que los autores hayan dejado incompletas (porque yo, como autora, pienso que hasta que el que escribe no da el punto final la obra no puede reflejar realmente lo que él/ella quieren) las condiciones en que esa novela fue publicada me llevan a hacer una excepción. Y es que Iréne dejó el manuscrito en una valija al cuidado de su hija Denise de 13 años cuando en julio de 1942 la gendarmería de la Francia ocupada por el nazismo la llevó al campo de Pithiviers primero y al de Auschwitz después, donde murió por tifus en agosto de ese mismo año. Su marido hizo hasta lo imposible porque la trajeran de vuelta y lo único que consiguió fue que también lo arrestaran a él, lo deportaran y lo asesinaran en la cámara de gas. Las hijas de Irene y de Michele, tuvieron que vivir en centros de acogida ocultas durante varios años. Según cuentan, de lo único que Denise nunca se separó fue de la valija de su madre. Pensaba que en ella estaban sus diarios pero cuando en 1990 la revisó detenidamente encontró el manuscrito de «Suite francesa», la última novela inconclusa de su madre, que transcribió y publicó en el 2004. Recibió el Premio Renaudot a título póstumo.
Tanto «El baile» como «Suite francesa» los encontrás en Buscalibre.
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