Cuando estuve embarazada de cada uno de mis hijos fui muy consciente de disfrutar de poder estar tranquila sabiendo dónde estaba y cómo estaba ese hijo. Sabía que esos 9 meses serían los únicos de nuestras vidas juntos en que eso sería del todo así. Aunque tuve la suerte de poder combinar mi trabajo con una maternidad muy presente, que me hizo poder acompañarlos exclusivamente los primeros años de vida, cuando salen de la panza y se transforman en seres independientes, esa seguridad se pierde. De ahí que cada maestra que pasa por la vida de mis hijos es una persona más a la que le voy a estar siempre agradecida. Son muchas las horas que los chicos pasan lejos de casa, son muchas las emociones que viven durante todo el día, y ahí están ellas para sostenerlos, para cuidarlos, para acompañarlos, para enseñarles, para felicitarlos, para corregirlos, para incentivarlos, para proponerles desafíos, para poner a prueba sus fortalezas, etc. etc. etc. Los primeros años son clave en la vida de una persona; yo todavía me acuerdo de mis maestras y de las miles de sensaciones que viví cuando estaba en el colegio. Y ahora como madre entiendo el gran privilegio que es poder tener del otro lado a alguien que sabe que le estás confiando una parte de tu corazón y que actúa en consecuencia.
Tengo 3 hijos, muchos sobrinos y muchos amigos de mis hijos que quiero como sobrinos también. Mi casa siempre está llena de chicos. Sé lo que es estar alerta, sé lo que es tener una parte del corazón de otra persona a tu cuidado, sé la energía que implica mediar entre niños, e incluso regular su alegría extrema que arrasa con todo. Sé lo que es lidiar con la frustración, las necesidades básicas urgentes que se contagian y multiplican; así que imagino la gran dosis de energía que debe necesitar un maestro durante las horas que dura su trabajo. Y así y todo al otro día vuelve con una sonrisa y una nueva zanahoria por delante. También sé lo increíbles que son los chicos, cuánto amor son capaces de dar y la infinita cantidad de cosas que nos pueden enseñar.
No sé si realmente nos detenemos lo suficiente a pensar el importante rol que ocupan los maestros en la sociedad. La importancia clave en la niñez que incide directamente en los adultos en los que esos niños se convierten y, por ende, nada más ni nada menos que en las personas que habitan nuestro país.
Hoy les dedico estas palabras a mi abuela que nos dejó hace poquito y que llevó su vocación de maestra a flor de piel hasta sus últimos días. A mi prima que siguió sus pasos con tanto orgullo. A todas las maestras que mis hijos tuvieron que fueron increíbles. Pero, sobre todo, a las que tienen ahora. Para cada uno de ellos es un año muy desafiante, porque están creciendo a pasos agigantados. Las maestras de este año son las mejores compañeras de camino que les podrían haber tocado. Tuvimos mucha suerte, y todos los días agradezco por eso. Porque saber que están acompañados por ellas y aprendiendo de ellas, me da mucha paz. Gracias por dedicar sus días a una tarea tan noble. Sé que las huellas que están dejando en ellos no se van a borrar, y son semillas que estoy segura van a germinar con fuertes raíces que los van a acompañar durante toda la vida.
¡Feliz Día del Maestro, a las mejores maestras!
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