Con un estilo que me hizo acordar mucho al de Pedro Mairal, Gastón entrelaza elementos autobiográficos con una ficción sumamente entretenida que no hace más que ponernos de manifiesto cómo piensa, cómo vive y cómo sobrevive un argentino que emigra a Miami. No a Estados Unidos, sino a Miami. Un ecosistema compuesto por latinos y estadounidenses que es único en su especie y, como se dice más de una vez en el libro, se reinventa cada 15 años.
Lo que más me gustó del libro fue la naturalidad con la que se incorporó un idioma nuevo, hablado por muchos, pero, al menos en mi caso, nunca visto plasmado en la literatura: el spanglish. Los argentinos estamos acostumbrados a esta plasticidad del idioma; no es raro que en la generación de mis abuelos se mezclaran palabras italianas (o inclusive de dialectos italianos) con españolas y que inclusive se crearan términos nuevos que no eran más que adaptaciones del español a la forma de hablar italiana. Incluso mi generación adoptó italianismos sin saber que en realidad en español es algo que está mal dicho (como «voy de Pablo» para decir «voy a la casa de Pablo»).
Pero volviendo a «Neurosis Miami», es una novela que tiene la capacidad de hacerte entrar en el clima húmedo de esa ciudad construida sobre un pantano, de caminar por la noche y los excesos, de absorber su existencia desprendida de prejuicios y de abrazar lo impredecible de la naturaleza, incluso cuando eso significa los tan variables vínculos entre seres humanos.
Estuve en Miami y pude entrevistar a Gastón. Me di el gusto de hacerle muchas preguntas que me surgieron mientras leía el libro. Acá les regalo algunas de sus respuestas (otras quedan grabadas en mi cajón de ricas experiencias con grandes colegas):
¿Cómo surgió la idea de Neurosis Miami?
Vino de varios lugares. La primera fue la decisión de escribir una novela. Yo soy cuentista, tenía ganas de extender esa sensación de trabajar en una historia por más tiempo. Lo siguiente fue armar un pequeño rompecabezas. La historia tiene muchos puntos de contacto conmigo, es muy difícil separar. Quise tener una zona de confort (por ejemplo, MTV, el lugar al que yo iba a trabajar todos los días) un lugar al cual volver con información y otra que me permitiera expandirme e investigar. El tema de Miami Vice es una referencia a mi generación: nos volvimos locos con esa serie. Cuando llegué acá dije “quiero trabajar en algo así”. Y lo que me di cuenta es que todos los escritores que pasaron por acá en algún momento trabajaron o se refirieron a eso. La recompensa como escritor es que podés meterte en un mundo, investigarlo mucho tiempo.
¿Cuánto tiempo dedicaste a la investigación?
Estuve 5 años investigando “Miami Vice” mientras estaba redescubriendo la ciudad. Porque la ciudad me parece que es otro personaje y ésta tiene su costado literario. Una de las cosas que me ayudan a levantarme todos los días es una misión que tenemos en Suburbano, que es el apoyar a los escritores que viven en español en todo Estados Unidos, pero con una pata muy grande acá en Miami. La imagen que se tiene de esta ciudad es como “antiliteraria”: lo superficial, el mall, la playa. Nosotros conocimos otra cosa. Hay una vida cultural pequeña, incipiente. Hay una historia de libros acá que no se conoce. Los escritores que andan dando vueltas, son escritores de Miami, aunque no nacieron acá.
En la novela mezclas lo narrativo con el spec script de Miami Vice que escribe el protagonista. ¿Cómo fue ese proceso de escritura?
Lo escribí todo junto y después lo fui mechando y lo fui cambiando. La novela está muy trabajada y el guión muy poco trabajado porque es el guion de un escritor que se sienta a escribir por primera vez. Lo que sí hice fue tocar cosas para que se acercara a la historia, para que se relacionaran más.
El protagonista es argentino, pero termina hablando como su amigo mexicano. ¿Cómo hiciste para escribir un español que no es el tuyo?
Cuando vos empezás a trabajar acá lo primero que aprendés es que en el mercado hispano tres de cada cuatro personas son mexicanos. Yo estaba en un canal panregional y si al show le iba mal en Argentina, en Colombia, pero le iba bien en México, estaba OK. Un poco por necesidad y otro poco por interés es que hay mucho mexicano en estas incorporaciones. Uno va siendo amigo de mexicanos y tenés que entender las referencias culturales. Además el idioma español está más movido allá, todos los meses hay expresiones nuevas, hablan de otra manera, dicen «guey» distinto, lo escriben distinto… es imposible seguirles el ritmo pero uno tiene que intentarlo. Nadie que viviera acá podría leer una novela en tono realista que transcurriera en Miami y que tuviera solo personajes argentinos. No sería verídico. El spanglish es un idioma propio de cada personaje. Cuándo mechar una palabra en inglés —y cuándo no— es una decisión muy personal. Los americanos son muy prácticos y uno va tomando del inglés el decir las cosas short and sweet: en veinticinco conversaciones, nunca vas a escuchar “air conditioner” sino “AC”, por ejemplo. Después de tantos años de vivir acá a uno le sale hablar así, no es snobismo y no tiene que ver con el nivel socioeconómico ni cultural. Aprendés la palabra y la tirás, es así. Y también tomas palabras de tus amigos latinos.
¿Cómo fue la decisión de incorporar a Wilma?
Quería tener un personaje femenino fuerte. Wilma es el motor de la trama. Sin ella no hay nada, aunque no esté presente. Son un invento, pero era lo que me permitía hablar de Miami, que fue otra decisión que había tomado desde el principio.
¿El final lo habías decidido de antemano o sobre la marcha?
Como cuentista pienso que uno no tiene un cuento hasta que no tiene el final. Es muy cortazariano eso. Hay escritores que escriben de otra manera, pero a mí con la novela me pasa un poco lo mismo. Quizás no llegas, pero si me siento a escribir es porque ya tengo un universo medianamente definido en la cabeza y sé a dónde va. En algún punto a veces mis historias de cuentos o de novela son un chiste. Un chiste extendido.
El libro está publicado por Suburbano Ediciones, que es la editorial que llevás adelante. ¿Trabajan con alguna imprenta?
No, trabajamos con Amazon on demand. Es imposible acá trabajar de otra manera. Hay pocas librerías, pocos libreros, y por un tema comercial venden en inglés. Hay lectores pero están en el mundo.
En una novela anterior, Virkel creó a Maldito Lasticön , un poeta maldito del South Beach, movido por el comentario de un amigo de él que le dijo justamente que es una ciudad que todavía no tiene mitos. Virkel me dijo “Más allá de pagar las cuentas, me divierte el camino. Me divierte escribir. El camino es más fácil cuando tu pasión es lo que te da combustible para seguir avanzando.” Mientras lo escucho hablar de sus nuevos proyectos me pregunto, ¿estaré frente a un mito literario que estará naciendo en Miami? ¿Será ese el aporte que los escritores latinos dejarán a la ciudad donde forjaron su futuro, y será el spanglish —ese español que ya no es del todo propio, mezclado con inglés y con los acentos de otros latinos— su distintivo? Como todo, solo el tiempo lo dirá.
Sobre Neurosis Miami
Un escritor emigra de Argentina a Miami en el 2001 contratado por MTV. Aunque todavía no está seguro de qué quiere ni de qué busca, encuentra en su amigo mexicano un lugar de confort, una pasión en común llamada «Miami Vice» (o «División Miami») y el objetivo claro de escribir un spec sript para hacer revivir a la serie con el toque que solo la Miami de estos 15 años podría darle. La narrativa atractiva, irónica, picante y llena de cliffhangers, se entremezcla con el borrador de un guion que escriben dos personas sumergidas en el torbellino de la creatividad.
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