#RelatosReales: El Rayentray de Trelew

Tengo una amiga que siempre me dice «esas cosas te pasan solo a vos». Puede ser que tenga historias extravagantes e irreales. Pero ¿por qué todo lo que de verdad sucede tiene que ser verosímil? Dice un personaje de María Rosa Lojo, y coincido. Creo que en parte cada tanto me pasan cosas extrañas pero en parte también tengo cierta sensibilidad frente a las cosas sumado a la necesidad de poner después la experiencia en palabras y eso hace que de cosas cotidianas arme relatos. Así nace mi nueva sección #RelatosReales.

Fuimos a Trelew para conocer la casa de mis amigos Vicky y Nacho. Llegamos al hotel, uno de los mejores de la ciudad (según nos dijeron) y el único que tenía una habitación para 4 disponible para esa noche. Dejamos las valijas y nos fuimos a conocer el museo de los dinosaurios. Después de recorrerlo, almorzamos y volvimos para el hotel así Rafa dormía su siesta. Joaco se quedó jugando un rato en la habitación y después él y yo levantamos campamento para emprender la caminata de 15 minutos hasta lo de Vicky y de paso conocer un poco la ciudad donde vive una de mis amigas más queridas. Los dejamos durmiendo a Seba y a Rafa, trabamos la vieja puerta de la habitación desde adentro y nos fuimos.

El pasillo estaba completamente oscuro lo cual me pareció raro porque acababa de prender la luz de la habitación sin problema. Los botones de los ascensores no respondían así que opté por bajar con Joaco los dos pisos por escaleras a oscuras. Pero no contaba con los entrepisos que nos separaban de la Planta Baja así que en total bajamos como 4 pisos. En uno de esos entrepisos había una puerta de madera que tenía el cartel «Cocina» y del que salía muchísimo humo negro. En el siguiente descanso, en la oscuridad, me encuentro con un señor del hotel «¿Qué está pasando?» Le digo, «Nada, ¿por?» Me responde. Le cuento del humo. Cuando bajo a la recepción, mismo diálogo con el encargado. Solo que me dice, como si fuese una explicación muy lógica «Los ascensores no andan porque se cortó la luz y el humo es por el generador». En ese mismo momento entra la policía al hotel «Nos llamaron porque se ve humo saliendo de la terraza». «No es nada» responde el encargado. Ese «nada» ya se estaba apoderando de mi nariz y de la de Joaco. El policía dudó y le preguntó al hombre su nombre completo, para dejar asentado quién estaba diciendo que no pasaba nada en un edificio lleno de humo. «¿Hay peligro? Mi marido y mi hijo están arriba. Si estamos en peligro lo tengo que buscar» le digo ya bastante desesperada «Los teléfonos no andan así que tiene que subir usted». El «usted» no era nada, el tema era volver a subir los 4 pisos por escalera a oscuras, con humo y con mi nene de 4 años. Pero Seba no me respondía el celular y era la única opción que me quedaba para que él y Rafa no terminaran inconscientes dormidos en el medio de lo que fuese que estaba pasando. Lo cargué a Joaco y subí, mientras iba creciendo mi bronca hacia el hotel. Golpeé la puerta del cuarto bien fuerte con mucho miedo de que Seba no me escuchara. Por suerte me escuchó aunque no entendía nada. Solo entendió la urgencia se puso las zapatillas y lo cargó a Rafa que todavía estaba tan dormido que se le cayó el chupete de la boca. «Nos vamos de acá, ¿en manos de quién estamos que tienen un hotel con muchas habitaciones llenas de humo y no activan ni una alarma de incendio?». «Ya está controlado» nos decían. ¿O sea que sí había fuego y nadie nos había avisado? ¿Tenía que ir yo con mi hijo chiquito a buscar a mi marido y mi hijo más chico antes de que tuvieran los pulmones llenos de ese humo negro que llegaba hasta la calle?

Vicky y Nacho «al rescate» nos buscaron, nos subieron al auto apretados con las valijas y nos llevaron a su casa hermosa, luminosa y sobre todo libre de humo. Creo que todavía no termino de digerir lo que nos pasó. Uno sigue adelante porque los chicos así lo necesitan, porque ni los pañales se cambian solos ni las panzas se llenan por arte de magia. Porque salimos sanos y salvos del humo pero a ellos lo que más les importaba era quién tenía el autito naranja para hacer su carrera y ahí está uno intentando bajar a tierra para intermediar. Pero los «qué hubiera pasado» si nos tocaba de noche, si no lograba despertar a Seba, si a los chicos les pegaba mal el humo, si algo nos pasaba en las escaleras, si hubiéramos estado solos en la ciudad con dos chicos chiquitos todavía me impresiona. De a poco va decantando el shock. Así como el humo negro que todavía siento en mi nariz.

Ya saben a qué lugar NO les recomiendo ir en Trelew. Del museo de dinos les cuento en otro post 💜

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