Recalculando

Julia se reclinó hacia atrás en la silla estirando sus brazos. Del otro lado de la mesa Paula agarraba bien fuerte el mate entre sus manos mientras tenía la mirada fija en un punto de la mesa.

– Sabés lo que necesitamos – dijo Paula de golpe- un GPS para la vida.

Julia la miró atónita.

– Imaginate… solo tendríamos que escuchar la voz de una mujer simpática que nos dijera “vas por la ruta más rápida, a pesar de las complicaciones de cualquier ser humano, deberías llegar a destino a los 35 años”.

Julia soltó una carcajada.

– De verdad te digo. ¿No estaría buenísimo que alguien te dijera “cuidado, zona peligrosa”?

-Ese era el GPS viejo, el Google Maps ya no te avisa eso. – Respondió Julia con una sonrisa.

-Bueno no importa. – siguió Paula – Pero sí puede evitarte los embotellamientos. ¿No sería genial evitar estar embotellado en la vida? Además chau ansiedad, chau quemar etapas, chau manejar a contramano durante largas cuadras, chau doblar antes de tiempo. Sabríamos exactamente dónde doblar y cuándo llegaríamos: ¡chau frustración y falsas expectativas! Entonces nos podríamos relajar. Iríamos tranquilos por la vida sabiendo que llegar vamos a llegar. Disfrutaríamos del paisaje y de la música, de la charla con el que tenemos al lado. Sabríamos que eventualmente al nabo que hace zig zag lo dejaríamos atrás. Descansaríamos en el viaje sabiendo que “200 metros” antes de girar a la derecha la simpática mujer del GPS nos va a avisar.

– ¿Y qué pondrías en “buscar aquí”? ¿Vos sabés exactamente a dónde querés llegar?

– Eso es lo mejor de todo, ¡podrías poner lo que quieras! Un estado (como la “felicidad” por ejemplo), un puesto de trabajo, una situación sentimental…

– ¿Pero la felicidad se alcanza sólo en un momento y ya está? “Su lugar de destino está a la derecha… ha llegado”. ¿Y después? Y además si nunca vas a poder alcanzar eso que estás buscando…¿Nos diría la “simpática mujer” la cruda realidad?

– ¡Claro! Y no estarías toda la vida yendo por un camino que terminaría en una calle sin salida. Costaría al principio pero ¡sabés el tiempo y la energía que te ahorrarías! Podrías probar con todas las metas una por una hasta que te apareciera el “Iniciar navegación”. La angustia se reduciría significativamente.

Julia se quedó pensando unos segundos. Finalmente dijo:

– ¿Y qué pasaría con las dulces equivocaciones?

– ¿Las qué?

– Las dulces equivocaciones. Esas que te llevan a encontrarte con personas que de otra manera nunca te hubieras cruzado. Esas personas que no vienen de donde vos venis ni van hacia donde vos vas. Esas con las que quizás no tenés nada en común pero que terminan siendo el centro de tu vida, aunque sea solo por algún tiempo. Que ponen en cuestionamiento lo que querés, hacia dónde vas… Si seguis el camino lineal que pensaste en un primer momento, ¿cómo sabes que realmente no hay otro que te vaya a hacer más feliz? No hay manera de que Google Maps pueda medir eso…

– Y bueno pero si a esa persona te la tenés que cruzar te la vas a cruzar igual… como un piquete. Y siempre podes poner un nuevo destino en la búsqueda, o elegir otra ruta para llegar al mismo lugar.

– O sea que en definitiva sería confiar en “algo” que es superior a uno y que por eso sabe cómo van a resultar las cosas.

– Claro.

– Y dejarte llevar. Solo confiando. Solo con “Fe”.

Paula dudó. – Bueno… no se si lo llamaría “fe”.

– ¿Te haría disfrutar del viaje el saber que de alguna forma vas a llegar a destino? ¿Que  vas a saber dónde girar porque ese “algo”, de alguna manera, te va avisar?

– Sí pero porque también me diría cuándo, cómo, en cuánto tiempo… no sería una “fe” a ciegas.

– Pero si alguien te hubiera dicho “recién a los 28 vas a tener un trabajo que te guste”, ¿no habrías aceptado los otros trabajos? Entonces nunca hubieras conocido a Leandro.

– Quizás lo hubiera conocido en otro  lado…

– Y si te hubieran dicho que recién a los 28, cuando conocieras a Leandro, ibas a ser feliz por primera vez con alguien ¿no te hubiera condicionado en las otras decisiones? ¿No hubieras rechazado a las otras personas sabiendo que ninguna de ella sería “la” persona para vos? Entonces no habrías aprendido de ellas ni hubieras estado preparada para valorar lo bueno de Leandro.

– Sí, supongo… pero tener una fecha estimada quizás hubiera servido… no sé.

– Al final de cuentas de todo lo que estás hablando es de ponerte la meta que ya sabés que tenés y solo preocuparte por “viajar” confiando en que vas a llegar cuando tengas que llegar. Y disfrutar del recorrido por el que solo vas a pasar una vez en tu vida y de las personas que tenés al lado que inevitablemente en algún momento del viaje te van a dejar. Y hasta ahora no nombré nada que solo pueda darte el “GPS de la vida”, porque inclusive si existiera uno estaría en vos confiar en ese “algo” para disfrutar del viaje. ¿O no? Porque si igual está la posibilidad de que vayas cambiando de ruta y de meta, entonces no hay un lugar específico al que llegar sino muchos lugares por los que pasar, ¿no? ¿No es hermoso no saber exactamente cuáles son ni dónde están? ¿No es hermoso sorprenderse?

Paula, confundida, dejó el mate y volvió a mirar a un punto fijo de la mesa. Julia pudo ver cómo su ceño se iba relajando de a poco para dar lugar a un pequeño momento de paz: esa parada que Paula no tenía prevista pero que sería esencial para tomar el impulso que necesitaba. Había llegado a donde tenía que llegar, solo que todavía no lo sabía.

 

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