#EscribamosJuntos: «El espejismo»

[Este cuento fue escrito en conjunto con quienes participaron aportando sus ideas en las historias durante todo el fin de semana. Gracias a todos 💜]

Manejar con el sol de frente nunca fue de sus cosas favoritas. Ese día estaba especialmente abrumada, y cualquier mínima complicación a la simple experiencia de subsistir, la incomodaba.

Tráfico, mucho. Ella suspiraba con tedio hasta que de golpe al lado suyo se frenó un auto blanco con vidrios polarizados. El sol era muy potente, pero ella pudo identificar perfectamente la silueta de quien manejaba: era ella misma, 20 años atrás. ¿Podía ser? No, no podía ser. Intentó fijar la vista más allá del polarizado, pero un bocinazo la sobresaltó. Ella notó que ya tenía un espacio adelante y avanzó, rogando al cielo que en el carril de al lado el auto blanco avanzara a la par. Cuando estuvo un poco más adelante llegó a ver la pantente del auto blanco y un frío corrió por su cuerpo. Era la patente de su auto de soltera que no olvidaría jamás: DAR 979.

Cerró los ojos con fuerza y apretó con la misma fuerza el volante, como queriendo asegurarse de estar viviendo y no soñando. Cuando abrió los ojos el auto blanco estaba otra vez al lado suyo pero ahora con la ventanilla baja. Ella, más joven, se estaba mirando a ella, más vieja, fijamente, con una mezcla de asombro y de espanto. Ella, más vieja, bajó también la ventanilla del acompañante. Y entonces estuvieron cara a cara. ¡Cómo extrañaba ese piercing en la nariz! Se lo sacó el día que tuvo a su primera hija y no se lo volvió a poner jamás. Y su pelo natural, negro, fuerte, largo. Vio cómo ella de joven recorría con la mirada su pelo blanco y se sintió un poco avergonzada. Sabía que nunca se hubiera imaginado dejarse crecer las canas, pero era imposible explicarle de ventanilla a ventanilla todo lo que había vivido en los últimos años.

Los autos iban avanzando alternadamente pero ellas se preocupaban por estar otra vez, cara a cara, analizándose en silencio. Hasta que de golpe parecía que el tráfico se había destrabado y que cada auto iba a seguir su ruta. Antes de separarse, su versión joven le gritó «¿Y? Eso que tanto queríamos… ¿lo logramos?». A ella se le llenaron los ojos de lágrimas mientras asentía con la cabeza. Su versión joven sonrió y apretó el acelerador para hacerse paso en la autopista que ya estaba despejada. Ella, más vieja, avanzó también pero las lágrimas no paraban de brotar de sus ojos. Y es que no había podido (o no había querido) admitirse a ella misma que aunque lo había alcanzado, ese sueño en realidad no la hacía feliz como había imaginado en esa época de pelo negro y piercing en la nariz. Pero su versión joven se había ido contenta. De alguna forma había aportado algo a su propia felicidad. Y es que a veces no hacemos las preguntas correctas porque en el fondo sabemos que lo que más nos importa es recibir la respuesta que, como una zanahoria, nos impulse a avanzar en este loco camino de la vida real.

– Fin –


Una respuesta a «#EscribamosJuntos: «El espejismo»»

  1. Avatar de Solange Grandjean
    Solange Grandjean

    Me encantoooo

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