No recuerdo muchos libros que haya leído tan rápido como este. Lo elegí para el encuentro de abril del club de lectura que coordino; todavía no terminó marzo y ya lo terminé.
En una entrevista la autora admitió que las primeras 50 páginas del libro son muy duras; que a ella misma le costó leerlas en su presentación, cuando se encontraba frente a su propia madre. La forma en que el protagonista habla de su propia vida, de su madre, de su familia, de sus amigos; la forma cruda en que relata hasta qué punto se siente roto, es difícil de digerir, no lo voy a negar. Pero la autora tiene un manejo tan excepcional de las palabras, de la intriga, de la psicología de los personajes, que no se trata simplemente de «cosas duras» arrojadas al azar para pinchar al lector. Uno quiere realmente meterse en las entrañas de esa mente tan compleja para terminar de comprender por qué resulto ser cómo es y para descubrir qué es lo que va a pasar después. O cómo va a pasar. O por qué va a pasar. O qué va a dejar en el camino cuando pase.
Me sumergí en la novela sin saber prácticamente de qué se trataba. Y creo sin dudas que es la mejor forma de sumergirse. La autora nos da información a cuentagotas, de una forma medida, prolija y pensada; saltearse eso es quitarle una gran parte del valor que, a mí modo de ver, tiene el libro.
Pienso que lo más difícil de leer es la herida profunda que deja en un ser humano el no ser querido por sus padres. El rechazo. Cuando ese mismo ser humano ve en los ojos de los demás y él mismo siente que es un caso perdido, también cuesta. A veces lo más duro de la vida no es el dolor en sí, sino la resignación.
Me pareció un libro brillante. Cierto que las partes que son duras pueden shockearnos por su sinceridad; pero pienso que una forma de sobrellevarlas es entrando en el código del personaje y tomar la ironía con la que en muchos momentos se expresa como un mecanismo de autopreservación.
Puede que esta no sea una reseña tradicional. Pero tampoco el libro lo es. Hay mucha gente que está muy rota, muy dolida, con quienes la vida fue muy injusta. ¿Qué se les puede pedir a ellos? ¿Que además de todo nos ofrezcan una historia color de rosa que ni siquiera ellos vivieron? Pero uno de los hermosos mensajes que tiene el libro, según mi punto de vista, es que siempre hay un escape, aunque sea temporal. Y ese escape, o esa transformación, se llama «arte».
Encontrás el libro en Buscalibre: https://www.buscalibre.com.ar/libro-el-verano-en-que-mi-madre-tuvo-los-ojos-verdes/9788417553036/p/51434432?afiliado=95d54d2616d5635c5e08
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