Madre, revolucionaria, defensora de sus principios y de los derechos de la mujer, trasgresora y con una mirada amorosa sobre el cuerpo femenino y la sexualidad. Leyendo y analizando esta novela descubrí a la increíble autora nicaragüense que está detrás.
Aunque en ninguna parte del título lo indique, esta novela busca reivindicar la figura de Juana de Castilla que, según la autora, estuvo mal catalogada como «la loca». Su supuesta locura podría ser entendida más por las mujeres de esta época que por la suya porque su único pecado fue sentir con demasiada intensidad.
«El pergamino de la seducción» es una novela histórica publicada en el 2005 que cuenta con dos planos temporales, ambos con una narradora en primera persona: Juana en el siglo XVI y Lucía en el siglo XX. El primer juego de opuestos que establece la autora se da entre estas dos jóvenes de 16 años que viven a siglos de distancia pero que se asemejan en algunos puntos, por empezar en el aspecto físico. Esta similitud es la que lleva a Manuel, un hombre de 45 años, a convocarla a Lucía para poder, a través de su mimetización con Juana y con su historia, ser puente con la reina y reivindicar su cordura.
Es una novela muy completa, entretenida, profunda e interesante. La imagen del disfraz como pasaje hacia el pasado; la importancia de las mujeres del presente para reivindicar mujeres del pasado; la pasión y el amor; los celos y la ambición política, son solo algunos de los temas que se tratan en esta historia llena de vericuetos. Pero me quedo especialmente con la importancia que se le da a la mirada. Los personajes no solo se vinculan a través de la palabra: con los ojos pueden acercarse, distanciarse, herir, inspirar miedo y hasta consolar. «Por ése callo y me entrego, porque el amor tiene más ojos que los de llorar» dice Juana en un momento.
¿Quién inventó la supuesta locura de Juana para su propio beneficio político? Su querido Felipe, que a diferencia de ella, pasó a la historia con un adjetivo mucho más sentador: «El hermoso». ¿Quiénes usaron esa idea para llevarla al extremo y mantenerla encerrada contra su voluntad durante las últimas 4 décadas de su vida? Su padre Fernando y su hijo Carlos. Quizás por eso, unas de las frases más duras del libro, señalen que «Por lo general en este mundo los peores golpes nos los dan los seres que más amamos. De ahí los crímenes pasionales, las locuras del amor. El que ama le da al otro un carcaj con flechas y se pone un blanco en el pecho. Se supone que existe un pato de no agresión, pero si ese pacto se rompe… es una carnicería».
Que un otro nos permita que lo amemos, conlleva una gran responsabilidad. Se nos entrega vulnerable y de nosotros depende que ese m2 que habitamos en este mundo sea armónico y pacífico o se convierta en un campo de batalla. Leer esta historia me dio mucha pena por Juana. Pero a la vez me inspiró un gran sentido de agradecimiento hacia la autora, por poner sobre la mesa, no solo la importancia de reivindicar el dolor y la pasión de una figura tan importante para la historia y tan denigrada, sino que con ella nos habilita a volver a pensar en el lugar que ocupamos las mujeres, la forma en que nos miran los demás y lo cuidadosas que tenemos que ser para proteger siempre nuestro potencial.
«El fuego de las mujeres asusta a los hombres.» le dice la Reina Isabel a Juana. «Hay que guardarlo con discreción para que no desate aguaceros que terminen por apagarlo». Amén, Belli.
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